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2006/08/28

> Erreportajea: Oroitzapena > EMILIO RUIZ BARRACHINA: "A LORCA LO MATARON POR SER DE IZQUIERDA, HOMOSEXUAL Y FAMOSO"

  • Emilio Ruiz Barrachina, director de un documental sobre el asesinato del poeta
  • "A Lorca lo mataron por ser de izquierda, homosexual y famoso"
  • La investigación para el filme "El mar deja de moverse" inculpa a los primos del escritor. En el documental aparece un hombre que dice saber dónde está enterrado Lorca.
  • Clarín, 2006-08-28 # Alejandra Varela
Si me piden enumerar las tres causas principales que provocaron el asesinato de Lorca, diría que el principal componente sigue siendo el político: era de izquierda. Pero además era homosexual y famoso. La homofobia es fascista. El asunto familiar es otro ingrediente. El componente político sigue vivo, pues los familiares a los que hacemos alusión fueron actores en el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y además miembros de Acción Popular, que era el partido más de derechas de la época." Desde Madrid, Emilio Ruiz Barrachina, director del documental El mar deja de moverse, sintetiza así los factores que dieron origen al filme sobre el asesinato del escritor Federico García Lorca, que se estrenará en España en setiembre.


Existía en la zona de Valderrubios y Fuente Vaqueros (donde nació Lorca) un rumor que aseguraba que al poeta lo habían matado sus primos. El hispanista Ian Gibson investigó el caso y ésa es una de las líneas de trabajo que se articulan en este filme. "Gracias a un poder notarial otorgado por la familia, se tuvo acceso a documentos con los que no se había podido contar anteriormente. En los pueblos hay muchos runrunes que pasan de boca en boca y que no se hacen públicos por miedo. Las familias de caciques han seguido, y siguen en muchas partes de España, ejerciendo un poder al que es complicado enfrentarse", dice Barrachina.


—¿Lo sabía todo el pueblo?

—Hemos tenido la ocasión de hablar con mucha gente de Valderrubios, incluso familiares, que nos han dado testimonios espeluznantes y que confirman que estamos sobre la verdad, pero sus testimonios no se pueden reproducir por miedo. La gente hablaba con la condición de que no se los mencionara. Para los mismos investigadores, Miquel Caballero y Pilar Góngora, es una situación complicada.


A las tres grandes familias de caciques de la Vega de Granada pertenecen los García Rodríguez (padre de Lorca), los Roldán (sus primos) y los Alba. Desde el siglo XIX sostenían intensas rencillas vinculadas a cuestiones políticas y económicas: "La familia de García Lorca tenía ideas sociales avanzadas", dice Ruiz Barrachina. Los Roldán, en cambio, pertenecían a Acción Popular y, tras el golpe de Franco, fueron convocados por José Valdés, gobernador de Granada, para formar las "Escuadras Negras", una suerte de grupo de tareas. Dice Ruiz Barrachina que los Roldán usaron este poder para matar a Lorca.


Según el documental, Juan Luis Trescastros Medina, casado con una prima lejana del padre del poeta, fue el autor material del crimen. En algunos medios españoles se publicó que Trescastros estaba enterrado en el panteón de la familia Lorca, dato que desmiente Ruiz Barrachina: "Está enterrado casualmente en una tumba perteneciente a unos familiares del padre de Federico, de apellido García Rosales."


—¿Cómo fueron los hechos?

—Lorca llega a Granada el 14 de julio de 1936. El 16 de agosto lo detienen en la casa de los Rosales a las cinco de la tarde (hora muy lorquiana). Su muerte se produjo por una cascada de acontecimientos que culminaron con la orden que el general Queipo de Llano, desde Sevilla, le da a Valdés con la frase: "A ese dale CAF«é, mucho CAF«é. CAF«é eran las Células de Acción de Falange Española, las escuadras negras. Quien lleva a Lorca hasta Víznar, donde lo asesinan, es Juan Luis Trescastro.


—¿De qué modo intervienen los Rosales en esto?

—Lorca pide a su amigo Luis Rosales, que milita en Falange, que lo acoja en su casa para protegerlo, entre otros, de sus primos los Roldán que lo han maltratado en la Huerta de San Vicente. Casi todos los hermanos Rosales pertenecen a Falange. Dos de ellos, Antonio y Miguel, no estaban conformes con la presencia de Lorca en la casa. Antonio le confirma el 16 de agosto por la mañana al capitán Rojas que Federico estaba en casa de los Rosales.


Muchos vieron en la publicación de La Casa de Bernarda Alba un elemento que había contribuido a encender el odio familiar. En esta obra de teatro, Lorca pone los nombres reales de la familia Alba para crear una fotografía de un mundo represivo y autoritario que puede leerse como una anticipación de la España franquista. Si bien los Alba se sintieron afectados por esas caracterizaciones, Ruiz Barrachina asegura que este sector de la familia no estuvo implicado en el asesinato.


El asesinato de Lorca señala también los límites dudosos entre lo público y lo privado. La homofobia es un claro ejemplo: "Creo que es la primera vez que se analiza la homofobia como una causa política. Ni con la llegada de la democracia se aceptó de primeras la homosexualidad de Lorca. La izquierda tardó en admitir que uno de sus mártires era homosexual", declara Ruiz Barrachina.


Dónde se encuentra el cadáver de Lorca también ha dado lugar a conjeturas. Según Ruiz Barrachina: "La única referencia que existe (y es donde se veneran sus restos) es la que dio en 1966 Manolo, el comunista, a Gibson. Manuel Castilla fue quien enterró a Lorca. En una grabación oculta que hizo Gibson, y que se escuchará por primera vez en el documental, señala que enterró los restos en el barranco de Víznar. Pero ésta no es una prueba definitiva."

2005/05/08

> Berria: Eliza > LOS DOS UNICOS SACERDOTES GAYS ESPAÑOLES EXPULSADOS POR EL VATICANO CRITICAN A LOS OBISPOS

  • Los dos únicos sacerdotes gays españoles expulsados por el Vaticano, critican a los obispos
  • Mantero y el ex carmelita Roig comparecieron por primera vez ayer juntos en un acto público y dijeron que la «Iglesia ha perdido la vergüenza»
  • Deia, 2005-05-08 # EFE • Madrid
Los dos únicos sacerdotes españoles suspendidos por el Vaticano tras revelar su homosexualidad, el ex carmelita Antonio Roig y José Mantero, denunciaron ayer que «la Iglesia ha perdido la vergüenza y la ética» al haber convertido a los homosexuales en «su nuevo enemigo». Así de contundentes se mostraron Roig y Mantero en una conferencia de prensa celebrada ayer tarde en Barcelona para criticar la postura de la jerarquía católica sobre los derechos de gays y lesbianas. Este ha sido el primer acto público en el que han participado estos dos sacerdotes suspendidos ‘‘a divinis’’ tras hacer pública su condición de gays.

«Con la caída del Muro de Berlín y de los regímenes comunistas, la Iglesia perdió el principal enemigo que tenía, pero como necesitaba uno para ser alguien, parece ser que ha decidido erigir al colectivo homosexual como su nuevo y principal enemigo», ha lamentado Mantero. Mantero, ex párroco de Valverde del Camino (Huelva), fue expulsado por el Vaticano después de aparecer en 2002 declarando «Doy gracias a Dios por ser gay» en la portada de la revista ‘‘Zero’’, dirigida al colectivo homosexual.

Mantero confesó ayer que «sigo amando la Iglesia, y me importa en cuanto comunidad de Jesús, pero desgraciadamente observo un abismo cada vez más infranqueable entre los pastores y las ovejas, entre la jerarquía y el pueblo, que creo que llevará a la aniquilación del actual modelo de Iglesia en poco tiempo».

En este sentido, el ex sacerdote explicó que lloró cuando vio quién era el nuevo Papa designado por el Cónclave, porque cree que «la elección del cardenal Ratzinger es, objetivamente, lo peor que le podría haber pasado a la Iglesia, tiene una trayectoria demasiado terrible y ha endurecido mucho la postura de la Iglesia hacia la homosexualidad».

El ex-carmelita Antoni Roig, por su parte, también subrayó que «Ratzinger debe repasar su actitud sobre la homosexualidad, teniendo en cuenta el relativismo que se plasma ya en el Evangelio, porque las cosas son distintas según el punto de vista desde el que se mire».

Roig fue expulsado ‘‘a divinis’’ de la Iglesia y de la orden carmelita después de quedar finalista en 1976 en el Premio Planeta con su novela de tono autobiográfico «Todos los parques no son un paraíso», de temática gay.

En referencia a la propuesta de la Iglesia de que los funcionarios que lo deseen aleguen objeción de conciencia para no casar a parejas homosexuales, Roig consideró que «la Iglesia está perdiendo los nervios, y cada vez usa un recurso más gordo para imponer su voluntad». «Después de décadas fomentando la homofobia, ahora la Iglesia se hace el papel de mártir, lo quiere tener todo y eso no puede ser».

2004/12/20

> Erreportajea: Oroitzapena > LA PERSECUCION DE GAYS DURANTE EL FRANQUISMO


  • La persecución de gays durante el franquismo
  • 5.000 vidas fichadas
  • Las leyes de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad Social se aplicaron a gays y transexuales hasta 1979
  • El País, 2004-12-20 # E. de B. · Madrid

Al menos 5.000 personas fueron detenidas por actos o actitudes gays, lésbicas o transexuales durante el franquismo, según el recuento de Antoni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales. Pero este número es sólo una aproximación, porque los historiales están dispersos por las distintas cárceles, hubo quienes no llegaron a ser encarcelados, y en otros casos la condena alegaba en vez de homosexualidad delitos como prostitución, matiza el periodista Arturo Arnalte, autor del libro “Redada de violetas”.


Al principio se los encarcelaba por escándalo público, aunque el delito se hubiera cometido en el dormitorio de la vivienda propia. La figura delictiva de la homosexualidad aparece en 1954, con su inclusión en la Ley de Vagos y Maleantes. "A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes: a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados", decía la ley.


La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 dio a la persecución un enfoque más humanista: dar “tratamiento”. Fue entonces cuando se establecieron dos penales, los de Badajoz y Huelva, para rehabilitar a los homosexuales masculinos (las lesbianas, que sufrieron una fuerte represión social, ni siquiera se consideran). Los presos se dividían según sus tendencias: los "pasivos", a Badajoz, y los "activos" a Huelva. "La supuesta rehabilitación empezaba y acababa en esta selección", dice Arnalte.


A partir de esta época es más fácil hacer un seguimiento de la represión. Las penas de prisión iban de tres meses -"que se aplicaba la mayoría de las veces", según Arnalte -a cuatro años. A esta condena se solía añadir una de destierro de hasta dos años. "Es cuando aparece la casilla de 'homosexual peligroso' en las fichas", apunta el escritor. Existe constancia de unas 30 o 40 condenas al año. Además de los centros de Badajoz y Huelva, "en todas las cárceles grandes había una galería de invertidos", señala Arnalte. En Carabanchel, era la última planta. En Ocaña, los homosexuales eran enviados a cocina o lavandería en vez de ir a picar piedra, señala Juan Soto en su autobiografía “Un hombre llamado Katy”.


La persecución no fue sistemática. "Tenía un sesgo de justicia de clase. Los que pagaban eran siempre gente muy modesta: camareros, agricultores; los señoritos casi nunca", apunta el periodista. A veces el factor decisivo era el balance de cada comisaría. "Cuando un policía quería hacer méritos detenía a gays pobres", afirma Arnalte.


La Ley de Peligrosidad Social sobrevivió al franquismo. En 1978 todavía se aplicó oficialmente a tres personas. En total, unos 1.000 homosexuales fueron encarcelados por esta ley, que estuvo en vigor nueve años. "Somos los olvidados de la transición", se queja Ruiz.


  • "He pasado 50 años con esta cruz a la espalda"
  • Octavio García · Jubilado

"Frío, miseria, hambre, humillación, palos y más palos". Así recuerda Octavio García el año que pasó en el penal de Tefía (Fuerteventura). "Fue en 1954. Hacía 15 años que había acabado la guerra española, y el Gobierno se dijo: 'vamos a limpiar de maricones Las Palmas'. A mí me cogieron porque pedí al hijo de un médico que me pagara. Su madre se asustó y nos denunció a un compadre y a mí a la policía. Era una señora de una familia importante, y nos detuvieron a los dos. A su hijo no le pasó nada". "Mi ficha lo pone claro: me encerraron por homosexual", explica.


Octavio tiene 73 años, pero no olvida el daño que le hicieron. Tenía 19 años cuando aquella detención -la única de su vida-. "Fue una chiquillada. Yo siempre fui un niño bueno", reflexiona ahora. En Tefía se salvó de los trabajos forzados porque era de constitución débil -padece atrofia muscular en ambos brazos-. "En total éramos 90 maricones. Pasaban el día cargando piedras, haciendo muros, sacando agua del pozo. Era como un campo de concentración pero sin cámara de gas". A él le protegió un maestro "porque había trabajado de monaguillo" y se sabía los Evangelios, recuerda.


Cuando salió en 1955 tuvo que cumplir dos años de destierro en Telde, a 10 kilómetros de la capital. "Yo vivía en Las Palmas, y sólo iba a la comisaría a firmar los papeles", señala con picardía.


Después de pasar por el penal sólo pudo dedicarse a "salir adelante". "Había sido sacristán y repartidor de pan, pero tuve que cambiar de trabajo. Volví a casa, pero mi madre tenía un carácter muy fuerte y nunca pude hablar con ella de aquello. Así que me fui a vivir mi vida. Con antecedentes era casi imposible trabajar legalmente. Le llevé las cuentas a un joyero que vendía a plazo a las prostitutas. También estuve en un hostal de señoritas de tapadillo. Hice de todo hasta que conocí a un señor que me tomó de mayordomo. Con él viajé por toda España y Europa", cuenta.


Octavio vive ahora de sus ahorros y una pensión de orfandad (unos 420 euros al mes). "El apartamento donde vivo es mío. Y tengo una ahijada con tres niños a la que ayudo cuando puedo; le doy 150 euros al mes".


Su mayor ilusión actual es una biografía que le está escribiendo Miguel Ángel Sosa. "Han sido 50 años con esta cruz a la espalda. Con esa amargura, aquella tristeza, el año y todo lo que perdí de mi vida. Contarlo todo ahora es una liberación", resume. El título será una declaración: Viaje al centro de la infamia.

  • "Estuve detenida más de 50 veces"
  • Silvia Reyes · Artista de cabaret

"Estuve detenida más de cincuenta veces". Silvia Reyes llegó a Barcelona en 1973, con 20 años. "Hacía cuatro meses que había terminado el servicio militar y ya me había empezado a hormonar con productos que compraba en una farmacia", recuerda.


"Lo primero que hice fue buscar trabajo en hoteles, que era en lo que había trabajado en Las Palmas durante siete años. Pero cuando me veían tan femenina y tan guapa con mi nombre de hombre en el carné no me daban trabajo, ni siquiera de friegaplatos. Entonces no se sabía lo que era un transexual", afirma.


Durante el primer mes la detuvieron tres veces. Para una transexual, estar en la calle no era seguro, pero los bares de ambiente [gay] o los cines, tampoco. "Había muchas redadas. Nosotras lo teníamos peor que los homosexuales, que podían disimular más. A veces nos tenían hasta tres días sin comer, de pie, incomunicadas", explica.


Silvia no encontraba trabajo y las 5.000 pesetas que había llevado desde Canarias se le acababan. Fue la misma dueña de la pensión barata donde se alojaba la que le recomendó que saliera con sus amigas. "Hay travestis muy guapas, y a lo mejor te buscan trabajo en una whiskería", le dijo. Así empezó a hacer la carrera. Y llegaron más detenciones.


A finales de 1974 Silvia cayó en otra redada. "Me metieron en la cárcel Modelo de Barcelona por travesti. Allí lo pasé fatal. Luego fui a Carabanchel en Madrid. Éramos hasta 38 transexuales, y durante los traslados nos ponían en celdas aisladas, para evitar líos. Había presos que saltaban tapias de cinco metros para estar con nosotras", relata. Dos décadas de detenciones hacen que a Silvia le cueste ordenar los recuerdos. "En Badajoz estuve seis meses. Ahí estábamos todas juntas con los hombres y también con los ladrones. En Madrid me detuvieron otras dos veces", apunta.


Tras dar algunas vueltas, Silvia encontró trabajo en una sala de fiestas. "Yo no sabía bailar ni cantar, pero con 15 días de clases debuté. Me hice un vestuario, un nombre y viajé, actué y alterné". El dueño del local era el que respondía por ella y la sacaba de la cárcel cuando la encontraban haciendo la calle. "Lo dejé hace cinco años. Me siento vieja mentalmente, y le dije al jefe que había que dar paso a la juventud. Él se enfadó, porque había clientes que iban sólo a verme a mí", explica coqueta.


Ahora vive de lo que ganó en aquella época, y va a cursillos de informática por la mañana. "Me aburren mucho, pero algo tengo que hacer para no estar encerrada en casa", afirma.

  • "Una monja me delató a la Brigada Criminal"
  • Antoni Ruiz · Presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales

Se tropezó con Franco cuando el dictador ya estaba muerto. Antoni Ruiz tenía 17 años en 1976, y "una vida normal como pastelero" en Xirivella (Valencia). "Pero entonces ya sentía inclinaciones homosexuales", relata. Cuando estuvo seguro de que era gay -"maricón" en aquella época-, y para normalizar su vida, se lo contó a su madre. "Ella se lo tomó muy mal, y pidió ayuda a mi tía. Ésta a su vez se lo dijo a una vecina que era monja, y la monja me delató a la brigada criminal de la Policía Nacional", recuerda.


"A las seis de la mañana se presentaron cuatro secretas en casa", continúa. "En la jefatura empezó un interrogatorio para que denunciara a otros homosexuales. Un gris empezó a acosarme; como no decía nada me tiró hacia otro preso, y le dijo que me violara. Y eso fue lo que pasó. Durante tres días me sacaban por las noches por las zonas de ligue gay para que delatara a otros homosexuales. Me daban palizas. Pero yo resistí como pude. Eso fue lo que más les fastidió", relata.


Así comenzó su periplo por las cárceles. De la de Valencia fue enviado a Carabanchel, en Madrid; de ahí, a Badajoz, un centro reservado a los homosexuales "pasivos", según la clasificación de la Ley de Rehabilitación y Peligrosidad Social. Cada traslado fue un riesgo. "No podía salir de la celda. Era muy joven y tenía que mantenerla cerrada para que no me violaran los otros presos", explica.


A los tres meses [la pena mínima establecida para rehabilitar a los homosexuales] le dieron la libertad. Pero su vida ya estaba arruinada. Primero, tuvo que cumplir un destierro de un año, un periodo que pasó en casa de un familiar en Denia. Cuando intentó volver a trabajar se encontró todas las puertas cerradas. "La policía había ido con el cuento a mi antiguo trabajo, y además tenía antecedentes. Con mi madre no quería volver, porque creía que era la que me había delatado". Al final, tuvo que recurrir a la prostitución. Hasta que en 1982 entró a trabajar -"por enchufe"- en una emisora de televisión.


Cuando creía que había rehecho su vida, en 1995 volvió a toparse con su pasado. "Me pilló la policía sin carné. Di mis datos, y cuando consultaron con la central, uno le dijo al otro: 'Ten cuidado, que éste es maricón". Fue así como se enteró de que seguía fichado. Y comenzó una lucha por limpiar su pasado. "Al principio pedí la destrucción de mi expediente y la de todos los demás homosexuales. Ahora entiendo que deben conservarse como documentos históricos", dice.


Este año ha fundado la Asociación de Ex Presos Sociales. La declaración del Congreso es sólo el primer paso para resarcirse del daño sufrido.

2002/06/23

> Berria: Oroitzapena > UN CUARTO DE SIGLO DE ORGULLO GAY: 25 HOMOSEXUALES PARA 25 AÑOS

  • Aniversario: Un cuarto de siglo de orgullo «gay»
  • 25 homosexuales para 25 años
  • Armand de Fluviá, heraldista de prestigio de 71 años, es quizás el primer español que dio la cara al contar en televisión, en 1978, que era «gay». El viernes se celebra un cuarto de siglo de lucha reivindicando que se puede ser diferente pero igual
  • El Mundo, Crónica, 2002-06-23 # Ana María Ortiz / Reportaje elaborado con información de Montse Fernández

Hace 25 años, ese armario por el que hoy desfilan en dirección de salida, artistas, políticos, militares y hasta sacerdotes para entonar públicamente el «yo soy gay, ¿y qué?» era un mueble cerrado (y bien cerrado) por los candados de la represión. En algún lugar de la casa de Armand de Fluviá deben de andar las llaves que lo abrieron. Enarbola el catalán de 71 años, el primer activista gay español, un discurso sosegado y embutido en la modestia de quien no quiere un protagonismo que se le antoja perjudicial. Casi hay que dictarle sus gestas. «Pero usted fue el primer español que reconoció públicamente su homosexualidad, ¿no?».


El próximo viernes se cumplen 25 años de la primera manifestación gay en España y la fecha servirá de onomástica al colectivo homosexual para conmemorar que llevan ya un cuarto de siglo organizados como comunidad reivindicativa. El lema de la manifestación del sábado: «25 años de lucha». Armand de Fluviá y los 24 nombres que le siguen, uno por cada año, son sólo algunos de los españoles que en este tiempo se han atrevido a asomarse para mirar el armario desde el otro lado.


1- Armand de Fluviá, heraldista.
Fue el primero en salir del armario, allá por 1978, en el programa de más audiencia entonces de la TV3, Vosté pregunta. «La reacción fue fantástica, casi no me dejaban salir a la calle, todo el mundo quería felicitarme». No era para menos. Por aquel entonces, aún seguía vigente una ley que decía que Armand, por el mero hecho de mantener relaciones homosexuales, era un «peligro social».Y que alguien se reconociera como tal en voz alta...


Paradójicamente, esa Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social figura en su currículo de activista como uno de sus mayores logros.En 1970 el anteproyecto se presentó ante las cortes franquistas con la intención de condenar a los homosexuales por el simple hecho de serlo. Armand, escondido bajo el seudónimo de Roger de Gaimon (tras el que se refugió hasta su salida del armario) y Francesc F. (con el de Mir Bellgai) intentaron, desde la clandestinidad, luchar contra la barbaridad. «Era la gota que colmaba el vaso: enfermos, posibles delincuentes, tarados, viciosos y ahora peligrosos sociales».


Ayudados por la revista francesa Arcadie, hicieron llegar su protesta a los obispos procuradores en Cortes y consiguieron que el editorial de un periódico calificara la medida de «desorbitada».Fruto de esta actividad clandestina, la ley suavizó su letra: sólo atacaría a los que «probadamente realicen más de un acto de homosexualidad». «La primera victoria del incipiente movimiento gay español», reza en los anales de la causa homosexual. Y Armand, su hacedor.


Genealogista y heraldista (es consejero heráldico de Cataluña, máxima autoridad en la materia), Armand de Fluviá nació en 1931 entre los algodones de la alta burguesía catalana. Estudió Derecho y abandonó una carrera diplomática que le hubiera permitido asentarse en cualquier otro país donde ondeara con libertad la bandera arcoiris para comenzar, pasito a pasito, a acarrear derechos al lado de lo homosexual. Y eso que había visto con sus propios ojos lo fácil que eran las cosas en otros lares: «Recuerdo un viaje a Holanda en 1959. Entré en la discoteca DOK, gente del mismo sexo bailando lentos en pareja. Aquello en España era impensable.Era lo que yo estaba buscando, pero nunca quise abandonar el país. Creía que la lucha había que hacerla aquí».


Animado por la tímida conquista en la redacción de la Ley de Peligrosidad, en 1970 decide fundar, junto con Francesc F., el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MEHL), el primer grupo gay que surgía en España. «Estábamos divididos en seis grupos, 60 o 70 personas entre los que había dos o tres mujeres.Nos reuníamos en nuestras casas, cambiando de sitio para que no nos pillaran los serenos y los vigilantes», recuerda hoy Armand.«Barcelona era el foco de este movimiento y seguimos reuniéndonos periódicamente hasta el 73 o 74. Entonces la policía se enteró y el ministro de Exteriores López Rodó tomó medidas para que no nos llegara el boletín que nos enviaba la revista francesa Arcadie. Todo el mundo se iba poco a poco revolucionando: obreros, estudiantes, sacerdotes... y supongo que pensó que sólo faltaba que también los maricones se revolucionaran. Por eso tuvimos que dejarlo».


Sería por poco tiempo. No bien enterrado Franco, en 1975, el FAGC (Front d'Alliberament Gai de Catalunya) nacía con los rescoldos del MELH y sentaba las bases para todos los programas reivindicativos de los movimientos que luego fueron surgiendo. «Del 75 al 80 fueron los cinco años mejores de mi vida», dice Armand de Fluviá, «en las Ramblas había una movida increíble, la gente salía a calle, sacudiéndose la represión. Una maravilla. En el 80 se comenzó a poner freno a esa ebullición y todavía no se ha recuperado.Es cierto que hay más jolgorio y más visibilidad, pero también más desmovilización. Me parece muy bien que la gente se divierta, pero que no olviden que todavía hay que luchar bastante y que formarse ideológicamente para enfrentarse con la ideología dominante».


El 28 de junio de 1977, hace 25 años, 5.000 personas asistían en Barcelona a la primera manifestación del orgullo gay. «Aquel año yo estaba en Nueva York», cuenta Armand, «y me manifesté con todos los grupos de allí, miles y miles de personas. Yo desfilé al lado de la agrupación de Puerto Rico y aquello me marcó bastante.Luego supe que la de Barcelona había sido duramente reprimida por la Policía con heridos y detenciones».


Durante los primeros años de democracia, más que derechos, lo que recogieron, con aureola de éxito, fue la supresión de leyes y normas que equiparaban la homosexualidad con la delincuencia.Como que en 1979, la Ley de Peligrosidad Social cambiara su nombre por el de Ley de Escándalo Público y suprimiera el supuesto de homosexualidad. Todavía se recuerda que, tras la muerte de Franco se concede un amplio indulto que libera a los presos de la dictadura, pero del que no se benefician los homosexuales y hasta 1992 la Organización Mundial de la Salud no retiró la homosexualidad de su listado de enfermedades mentales.


Hoy la consigna de la lucha viene a ser la conquista de la igualdad y de la normalidad. Y eso, aseguran los colectivos gays, se logra, entre otras, cosas con la visibilidad. Pero Armand de Fluviá se muestra rotundo con quienes tratan de empujar del armario a quien no quiere salir. «Sólo justifico el outing cuando se trata de descubrir a un homosexual que contribuya a la represión de los colectivos gays y lésbicos».


Entre las aspiraciones más inmediatas figura el matrimonio, que Armand quiso contraer, hace años, y no pudo, y la adopción, de la que sí ha gozado. «En mi caso fue posible porque el niño que adopté era mi sobrino». Lo acogió bajo su tutela en 1976, recién nacido el bebé y la democracia. «Desde muy pequeño le hablé de mi homosexualidad y ahora está casado y muy feliz».


Armand de Fluviá última un libro, "El moviment gai en la clandestinidat del franquisme 1975-1980", en el que narrará todas sus vivencias.


2- Miquel Iceta, diputado del PSC.
Hizo pública su homosexualidad el 12 de octubre de 1999, durante la campaña de las elecciones autonómicas y ante miles de personas.«Recibí el respaldo desde Federico Trillo hasta algún sacerdote que escribió apoyándome. Y recomiendo a otros políticos homosexuales que lo hagan público. Contribuye a dar una imagen más real y a normalizarlo».


3- Eduardo Mendicutti, escritor .
«Nunca he hecho pública mi homosexualidad de manera expresa, he hablado siempre con naturalidad, sin hacerlo de manera explícita, al hilo de lo que escribía». «Queda todavía por hacer. Hasta que todo el mundo entienda que cualquier tendencia sexual es absolutamente normal. Aparentemente se acepta, pero no es verdad».


4- Eusebio Poncela, actor.

Tampoco ha tenido inconveniente en dar cuenta de su orientación sexual a través de las páginas de Zero. En su filmografía figuran títulos como La ley del deseo, Martin (Hache) o Sagitario (2001), de Vicente Molina Foix, donde da vida a un homosexual.


5- José Mantero, sacerdote.
«Doy gracias a Dios por ser gay», decía en febrero en Zero. Apartado de su diócesis y suspendido en sus funciones, ha iniciado una serie de charlas para «destapar» las mentiras de la jerarquía eclesiástica sobre la homosexualidad. «La estadística habla de un 30%, por encima del 10% de la sociedad. Aunque pienso que tiran para abajo. Estoy rodeado».


6- Juan Goytisolo, escritor.

El escritor barcelonés, que vive en Marruecos, explicó su condición homosexual en títulos como Coto de vedado (1985) y En los reinos de Taifas (1986). En otros como, Carajicomedia (2000), representa su etapa más radical, marcada por la aceptación de su homosexualidad.


7- José Sánchez Silva, teniente coronel.
En septiembre de 2000 se convertía en el primer militar que confesaba su homosexualidad. «Al nacer era, potencialmente, un vicioso repugnante, según una sentencia del Supremo. Me convertí en «vago y maleante» hasta 1970 por la Ley de este nombre. Entre los 19 y los 28 fui un «peligro social...». Dos países de la OTAN (Turquía y EEUU) prohiben aún la homosexualidad en sus ejércitos.


8- Francisco Nieva, dramaturgo.

Dramaturgo, director y escenógrafo es miembro de la Real Academia de la Lengua. Entre otros, ha recibido el Premio Nacional de Teatro (1980), Premio Príncipe de Asturias (1992) y Premio Nacional de Literatura (1992).


9- Juan González Ruiz, coronel .
Hace nueve días presentaba su libro En tránsito del infierno a la vida. La experiencia de un homosexual cristiano. Ha permanecido 38 años en el Ejército, donde ha ocupado altos cargos, el último en el Alto Estado mayor. Hasta 1986, el Código de Justicia militar español catalogaba la homosexualidad de delito contra el honor.Era castigada con penas de entre seis meses y seis años y la separación del servicio.


10- Rafael Amargo, bailaor.

El bailaor granadino de flamenco, como viene siendo habitual entre quienes hacen pública su homosexualidad escogió la portada de Zero. Su carrera es seguida con interés en las páginas que el colectivo gay tienen en Internet.


11- Jorge Cadaval, humorista.
El componente de Los Morancos escogió, en julio pasado, la revista Zero «Soy gay y punto. Desde siempre lo he tenido muy claro».«Quién se dedique a la educación tiene que tener esto muy clarito.Tienen delante a adolescentes que son homosexuales y lo pasan mal».


12- Luis Antonio de Villena, escritor.
Ya dejó entrever su homosexualidad en sus libros, a finales de los 70. «25 años frente a 15 siglos es mucho tiempo. Queda por hacer todo o casi todo. Basta con hacer una comparación con la lucha que reivindica la igualdad de las mujeres. Está infinitamente más adelantada».


13- Eloy de la Iglesia, director de cine.
«Cuando realmente se hizo evidente en el entorno familiar hubo de todo: desde el típico "ya lo sabía" hasta reacciones más de rechazo, pero rechazo a la idea de que se hiciera público». «He disfrutado de una profesión donde no existe la homofobia implícita que hay en otras. Me ha causado muchos más problemas mi situación política y mi forma de pensar».


14- Ventura Pons, director de cine.

Presente en festivales de cine gay en su filmografía figuran Ocaña retrato intermitente e Informe sobre el FAGC. Esta último documental, recoge la lucha de los militantes de la organización FAGC (entre ellos Armand de Fluviá) por los derechos de los gays y lesbianas.


15- Nacho Duato, coreógrafo.
En 2000 recibió el Triángulo Rosa en reconocimiento por su labor a favor de los gays y lesbianas. Poco antes aparecía en Zero para reconocer una homosexualidad que nunca ocultó.


16- Jerónimo Saavedra, senador.

Ex ministro y ex presidente del Gobierno autónomo de Canarias, en diciembre de 2000, prologa y presenta el libro Outing en España.Los españoles salen del armario. «En los años 50 y 60, uno buscaba la salvación en los pocos bares de ambiente de Madrid o en los viajes al Mediterráneo, donde había más tolerancia. Tenías un temor horrible porque enseguida te aplicaban la Ley de Peligrosidad Social; en Canarias te enviaban a campos de trabajo en Fuerteventura».


17- Leopoldo Alas, escritor.
Aunque nunca ocultó su orientación sexual, la hizo pública en un reportaje en 1995. Es autor de libros como Ojo de loca no se equivoca donde responde a preguntas como: ¿es fácil salir del armario?, ¿hay que denunciar a los famosos que ocultan sus verdaderas tendencias sexuales?


18- Empar Pineda, dirigente feminista.

Dio un empujón al colectivo de lesbianas para que se reconociera su existencia y sigue luchando por sus derechos. El pasado 20 de abril encabezaba una besada protesta ante la Asamblea de Madrid por la retirada de un cartel publicitario lésbico.


19- Inma Serrano, cantautora.
La alicantina aparecía en un número especial de la revista Zero, en 2001, en el que se daba el nombre de 100 personalidades del mundo de las letras, la música, o la escena... que habían reconocido o reconocían su homosexualidad.


20- Álvaro Pombo, escritor.

«Queda incluir la aceptación social de la homosexualidad dentro del sistema legislativo español. Creo que en el libro de María de la Válgoma y José Antonio Marina, La lucha por la dignidad, se establecen los más profundos motivos jurídicosociales y sobre todo éticos de la causa que defendemos. Por eso me parece necesario, ahora que vamos a tener una semana de celebraciones del orgullo gay, recordar que uno de los peligros que acechan a los homosexuales, en su legítima lucha por la dignidad, es empeñarse en ejercitar una autenticidad artificia».


21- Nacho Canut, músico.
«Nunca lo he negado ni ocultado ni disimulado. Cuando yo me di cuenta de que era homosexual, y me acepté como tal, dije: "Bueno, ¿y quién hay más?" No encontré a nadie. Hoy hay periodistas, actores, escritores y quizás el próximo presidente del Gobierno sea homosexual».


22- Jesús Vázquez, actor y presentador.

Superado el calvario del caso Arny, en 2000, también eligió Zero como escaparate para decir que es gay. «Hasta que no se apruebe una ley de parejas, la comunidad gay seguirá estando discriminada», decía.


23- Terenci Moix, escritor.
En el primer volumen de sus memorias, El peso de la paja, explica con todo lujo de detalles el despertar de su sexualidad. El escritor vivió un apasionado romance con Pier Paolo Passolini y una duradera relación sentimental con un actor catalán cuya ruptura casi le lleva al suicidio.


24- Moncho Borrajo, humorista.

En noviembre pasado aprovechaba un homenaje que le brindó la SGAE por sus 30 años en escena. «Creí que era un buen momento para hacerlo público: le dediqué el homenaje a mi pareja como lo haría cualquier estrella de Hollywood al recibir un Oscar». «Lo poco que sabíamos era que si te descubrían podían aplicarte electroshocks y cosas así: la homosexualidad era una enfermedad».


25- Arturo Tejerina, periodista.
Colaborador en Telemadrid en el programa de Terelu Campos, experto en asuntos del corazón, su nombre es uno de los muchos que han salido del armario al amparo de Zero.

1998/01/18

> Erreportajea: Testigantza > YVES SAINT LAURENT, EL ULTIMO MITO VIVO DE LA MODA

  • Yves Saint Laurent: el último mito vivo de la moda
  • El alcohol, los barbitúricos y sus constantes hospitalizaciones no le han impedido crear un imperio y cumplir 40 años en el mundo de la moda
  • En el colegio de Orán se mofaban de él a causa de su homosexualidad. Triunfar en la vida sería su venganza
  • En 1972 su amigo de correrías Andy Warhol le inmortalizó en varios óleos. Cuando Yves se enteró de que también había pintado a su competidor Valentino, juró romperlos. Sin embargo, hoy siguen colgados en su despacho en París
  • El servicio militar le provocó un colapso nervioso, que marcó su dependencia del alcohol y los barbitúricos
  • El Mundo, La Revista, n. 118, 1998-01-18 # Ana Parrilla y Mar Cohnen

Año 1989. Yves Saint Laurent ingresa con delirium tremens en un hospital psiquiátrico. El pronóstico es grave. Oficialmente, su taller habla de una profunda depresión. El diario norteamericano The Wall Street Journal lo confirma: "El estado de salud del modisto es inquietante". Mientras, en el mundillo de la moda, corren las apuestas: sobredosis de alcohol, barbitúricos, cocaína, sida y hasta intento de suicidio. No era la primera vez que el modisto visitaba las páginas de sucesos. En los últimos tiempos, se había convertido en cliente habitual de centros médicos y clínicas de reposo. Días después, un Yves Saint Laurent avejentado, frágil, con la mirada perdida, posaba ante las cámaras para desmentir los rumores. Era la otra cara del sastrecillo valiente que, a los 21 años, saludaba triunfante desde el balcón del imperio de la moda, la casa Christian Dior. El Principito, el revolucionario de la alta costura de la mitad de siglo, el hombre que impuso los pantalones en el guardarropa femenino, se tambaleaba en su trono.


Comenzaba así el último y trágico tercer acto de Yves Saint Laurent, un escandaloso final de trayecto del que el diseñador no ha sido víctima inocente. Si Balenciaga huyó de la prensa, y Givenchy se escondía tras la silueta de su musa, Audrey Hepburn, Yves Saint Laurent no dudó en posar desnudo en 1971 para promocionar su perfume Pour Homme. Fue el primer modisto que se atrevió a jugar con los medios de comunicación con sus propias cartas. Un genio en una industria para idiotas, como sentenció su socio y amante durante más de 20 años, Pierre Bergé.


Yves nació el 1 de agosto de 1936, en Orán (Argelia), con el nombre de Henry Donat Mathieu. Hijo de un empresario de seguros de origen alsaciano, al modisto siempre le ha acompañado la sombra de una inestabilidad, de la que nunca ha llegado a desprenderse. Durante su infancia, la tranquilidad familiar se rompía cada mañana. "Por mi homosexualidad yo no era como los otros chicos del colegio -ha comentado en diversas ocasiones-. Los niños hicieron de mí su víctima propiciatoria. Me encerraban en el cuarto de baño, me insultaban, me pegaban...". La debilidad de Yves buscaba refugio entre las faldas de su madre, su primera musa. El futuro era su única defensa. "Recuerdo que, cuando soplé las velas de mi noveno cumpleaños, pedí que mi nombre se viera con letras luminosas en los Campos Elíseos". Su obsesión era triunfar, convertir el éxito en la más dulce de las venganzas. Y es que la homosexualidad en el Orán de los años cuarenta era un pecado imperdonable. Un secreto que tardó en confesar. "Mi madre fue la primera en saberlo". Muchos años después, en 1985, cuando recibió la Legión de Honor de manos del presidente Miterrand, Yves se sinceró con su padre. "Papá sabes lo que soy. Habrías preferido que fuera un verdadero hombre, que continuara tu apellido...". Charles Mathieu zanjó la conversación con un simple: "Eso no tiene importancia".


En 1953, con 17 años, Henry Donat Mathieu, ya atrincherado tras el nombre de Yves Saint Laurent, empezó a tocar sus sueños de triunfo. El boceto de un traje de cóctel con corte asimétrico le llevó a un viaje relámpago a París para recoger el premio del Secretariado Internacional de la Lana. Dos años después, desembarcaba de nuevo en la capital para iniciar sus estudios de moda. "No me atrevería a calificarlo de modisto, pero tiene estilo. Es un niño prodigio de la alta costura", relataba la primera profesora que se topó con este geniecillo de 1,80 metros de estatura, 62 kilos de peso, grandes lentes, un talento precoz y 50 diseños bajo el brazo.


En esos años, Yves Saint Laurent combinaba los libros con la peregrinación por las redacciones cargado de bocetos. En junio de 1955 el director del Vogue francés, Michel de Brunhoff, pidió a su amigo Christian Dior que recibiera a un introvertido jovencito. Curiosamente, sus apuntes eran parecidísimos a la todavía inédita Línea A del maestro. "Dior estaba a punto de salir de vacaciones y Michel le instó a que retrasara su viaje", recuerda Yves Saint Laurent.


Aquella cita marcó el inicio de su idilio con Dior, el por entonces rey indiscutible de la moda mundial. El tándem Laurent/Dior duró 29 meses. "Trabajar con él fue un milagro. Parecía más un embajador que un modisto. Jamás tuvimos una conversación profunda. Sólo nos intercambiamos algunas miradas... Éramos tan tímidos el uno con el otro...". Una atracción silenciosa que culminó con la designación de Yves como su sucesor. El delfín tenía 19 años. Dior, 61. En octubre de 1957 el maestro moría de un ataque al corazón. Saint Laurent se convertía, con 21 años, en el creador más joven de la alta costura.


El 29 de enero de 1958 ya estaba lista su primera apuesta como director de la firma: la Línea Trapecio, una personalísima versión de la mítica Línea A. Su revolución: aligerar y acortar los vestidos de monsieur Dior, quitar ballenas, eliminar corsés, en definitiva, liberar el cuerpo. "Genial" sentenció la prensa internacional, que le bautizó con el nombre de El Principito. En marzo de ese mismo año, el Vogue americano decía: "Una sensación recorre París, nueva para la ciudad y para Francia: la creciente influencia de la juventud". Y es que Yves no sólo había resucitado el mundo de la moda, había desempolvado el esplendor de una nación. Su éxito arrastró a la economía francesa. En los 32 meses que estuvo a cargo de la casa, la firma facturó el 50% de las exportaciones de moda del país.


El servicio militar apagó sus fuegos revolucionarios. En septiembre de 1960 Yves Saint Laurent fue llamado a filas. Nunca llegó a coger el fusil. A los pocos días, un colapso nervioso le encerró en el centro psiquiátrico Val-de-Gracê. El cautiverio duró dos meses y medio. "Me atontaban con pastillas. Yo estaba acostado en la sala, solo, con personas que entraban y salían. Estaban locos, locos de verdad. Algunos me acariciaban. Otros bramaban sin razón alguna". El miedo y los barbitúricos le anclaron a un camastro. Sólo el aire fresco de las visitas de Pierre Bergé, su amante -a quien había conocido dos años antes, a través de Marie Louise Bousquet, de la revista de moda Harper's Bazaar-, aliviaban su angustia. Después del tratamiento, Yves, con 35 kilos de peso, sufría serias perturbaciones cerebrales y adicción al alcohol y los barbitúricos. Los médicos militares le abrieron las puertas cuando concluyeron que ya no respondía de sí mismo. Su drogodependencia durará más de 20 años.


Derrotado y al límite de sus fuerzas, volvió a París. Pero todo había cambiado. El puesto de diseñador jefe de la casa Dior lo ocupaba su rival, Marc Bohan. Tras un viaje a las Islas Canarias, su amigo, amante, confesor y socio, Pierre Bergé, le animó a embarcarse en un nuevo proyecto: fundar su propia casa de alta costura. En 1962 estaba lista la primera colección. La prensa volvió a rendirse: "Las mejores blusas desde Chanel", proclamaban los críticos.


Cinco años después, el tándem Yves-Bergé daba otra vuelta de tuerca a la alta costura con la primera boutique de prêt-à-porter con colección propia: Yves Saint Laurent Rive Gauche. No se trataban de burdas copias o adaptaciones de la alta costura, sino de modelos originales listos para llevar. La socialización de la moda había comenzado. Las mujeres se agolpaban frente a su tienda de la rue Tournon para adquirir sus vestidos con corazones rojos. Dos años después, volvían a formar filas a las puertas de su tienda de la avenida Madison de Nueva York, suspirando por sus saharianas, blusas transparentes y su gran revolución, el traje pantalón. Una prenda prohibida en los locales más exquisitos, como el Club 21 de Nueva York o el Savoy de Londres. Las mujeres dejaban el pantalón en el guardarropa y entraban sólo con la chaqueta, mucho más corta que una mini.


Con el éxito, Bergé y Saint Laurent se convirtieron en la pareja más chic de París. Dos actores al límite en una obra sublime y decadente. Alcohol, barbitúricos, viajes suicidas por los callejones mal iluminados de la ciudad conduciendo un frágil Volkswagen descapotable, jolgorios hasta la madrugada en Regine's, New Jimmy's... La fiesta se extendía por el triángulo París-Londres-Nueva York con Rudolf Nureyev o Andy Warhol como copríncipes.


A principios de los 70, la firma ingresaba más divisas en Francia que la casa Renault. Mientras la empresa extendía sus tentáculos en la cosmética, los complementos y la ropa masculina, la íntima amiga del diseñador, Talitha Pol, esposa del multimillonario Jean Paul Getty, fallecía en Roma por una sobredosis de heroína. Para Saint Laurent comenzó una interminable sucesión de crisis nerviosas y curas de reposo.


El perfume del escándalo. Aún quedaban algunas fiestas y éxitos sonados. En 1977 alquiló un yate de superlujo (50 millones de pesetas por una noche) para presentar en sociedad un perfume con el escandaloso nombre de Opium. En los ochenta sus prendas se expusieron en el Metropolitan de Nueva York, en el Bellas Artes de Beijing, en el de la Moda de París... Mientras, Saint Laurent recibía la Legión de Honor y el Oscar al mejor modisto. En 1986, más de 10.000 personas trabajaban para YSL, unas siglas con 60.000 millones de pesetas de beneficios al año.


Pero mientras los éxitos se sucedían, su ex amante y todavía socio, Pierre Bergé, abandonaba el domicilio de la rue Babylon que compartían desde hacía 20 años. Solo, sin la compañía de su amigo, Yves tocó fondo. Bergé tuvo que salir al paso de los rumores. "No tiene ni cáncer ni sida, y no es seropositivo", declaró el todavía presidente y director de la sociedad. "Todo el mundo sabe que tiene problemas psíquicos y que toma demasiados tranquilizantes. Ojalá que todos los modistos estuvieran tan enfermos como Yves y tuvieran tanto talento".


Para demostrarlo, Yves Saint Laurent saca fuerzas cada temporada y abandona sus refugios de Normandía y de Marrakech con una enésima revisión de sus clásicos sobre la pasarela: el traje pantalón, el esmoquin femenino, la sahariana... Una vuelta anunciada con la que parece confirmar sus palabras: "Conmigo morirá la alta costura". A sus 62 años, asegura que ya no prueba el alcohol ni esnifa cocaína. "Las pastillas antidepresivas las necesito todavía y, aunque ya no bebo, sigo suspirando por tomar una copa". Quizá por ello ha llamado Yvresse (borrachera) a su último perfume. Un guiño más del genio.

1978/01/20

> Elkarrizketa: Antonio Roig > "LA HOMOSEXUALIDAD PUEDE SER VIVIDA DIGNA Y CRISTIANAMENTE"

  • "La homosexualidad puede ser vivida digna y cristianamente"
  • Entrevista con Antonio Roig, carmelita que se confiesa homosexual
  • El País, 1978-01-20 # Alfonso García Pérez
«La homosexualidad es una alternativa digna de existencia, susceptible de ser vivida en consonancia con el Evangelio», según afirma Antonio Roig, carmelita que se declara homosexual, autor de un best-seller finalista en el premio Planeta, Todos los parques no son un paraíso, que ayer fue presentado en Madrid. Su autor, en entrevista con EL PAÍS, criticó a las instituciones sociales y religiosas que condenan a la homosexualidad al ghetto de los lavabos, parques y clubs, fomentando en millones de seres humanos una profunda escisión entre su parte erótica y sexual y su dimensión social y afectiva cotidiana.

«Una persona heterosexual no puede darse cuenta de la angustia que supone existir con esa modalidad de la sexualidad que es la homosexualidad. Cosas que son obvias para un heterosexual: ir de la mano con una chica, darse un beso, decirse un piropo, bailar. Todo eso le está prohibido al homosexual; todo ello es vivido como ridículo». Así se expresa Antonio Roig, al referirse a los sentimientos que percibe una persona a la que el funcionamiento social le impide manifestar espontánea y sanamente su sentir.Antonio Roig, carmelita que confiesa sus sentimientos homosexuales, describe el comienzo de su liberación como una lucha contra las instituciones en lo que tienen de totalitario: la familia, la Iglesia. «No es que yo quiera hacerlas saltar -dice-, pero me opongo a esas instituciones. Yo critico a la familia aunque la adoro en el fondo. Cuando en casa tuvieron que afrontar la posibilidad de que optase por un camino de secularización, siempre hicieron como algo superior a sus fuerzas "el que yo pudiera casarme". Mi hermana me advertía que, según qué noticia, no se la diese, que en casa querían recordarme como el que siempre he sido.»

La crítica a las instituciones no se centra en la familia. «La represión de la sexualidad es la forma mejor con la que las instituciones poderosas, ambiciosas de poder, intentan controlar a los individuos. Muchas familias dicen a sus hijos: "Niño, no te cases, que dejas sola a tu madre", o "¿De dónde vienes a estas horas?", "¿Con quién andas?". Incluso muchas madres, en el fondo, ven con más confianza, seguridad y halago las relaciones homosexuales que las heterosexuales. En el fondo se trata de reprimir la sexualidad. De hecho, la Iglesia mira con desconfianza la misma sexualidad. Le da una acogida calurosa sólo en función de la procreación. Me temo que en el trasfondo de esto subsista una actitud maniquea.»

Ante la posibilidad de que, sin embargo, la misma Iglesia que reprime la homosexualidad de algún modo contribuya a fomentarla, se da la circunstancia de que existe una profunda relación mística-erotismo. Antonio Roig cuenta: «Cuando yo era novicio, me mostraron imágenes de una religiosa con llagas. Yo vi en aquello, en las imágenes de las figuras que la contemplaban, que se agarraban a su ropa, una actitud muy erótica que me repugnó por lo que había de mentira en todo aquello. El erotismo es maravilloso y la experiencia religiosa también. El individuo debe ser consciente de lo que siente, debe librarse de las trampas de su inconsciente, de los engaños que se hace a sí mismo. »

Precisamente, en esa misma historia, Antonio Roig narra la recuperación del valor de su erotismo. La transición de la homosexualidad de los urinarios, parques y cines de barrio a la autoaceptación de la sexualidad como forma de amor, como valor en sí: «Yo me encontré en Londres -cuenta-, desolado. Tuve que descender a eso que los moralistas llaman el último nivel de la cloaca. Buscaba, en realidad, una relación humana que encerrara ternura, afectividad... y tuve que reducir mis aspiraciones, conformándome con lo que había. En los lavabos uno tiene que conformarse con un intercambio de miradas que deja muy frustrado. Se enciende el deseo sin posibilidad de realización, o en una realización bajo el miedo. Después vinieron los parques. La policía me cogió allí masturbándome con otro. Hasta se movilizó la Interpol, informando a mis superiores..., "por una cosa así". Después, en un pub de Londres, conocí a Ronald, un hombre viudo de 59 años, con dos hijos. Tuvimos una relación plena, afectiva, que fue duradera...
Hasta los cinco meses en que lo dejamos porque él no quería comprometer sus relaciones familiares, profesionales ...»

Esa evolución de Antonio Roig le llevó a la dignificación de su sentir homosexual, cosa que, según él, ha sido mal entendida por los medios de opinión. «Se me ha atribuido, concretamente en la revista Interviú, a la que agradezco, por otra parte, la difusión dada a mis opiniones, el haber recogido las opiniones que consideran a los homosexuales como carentes de sentido moral, personas que se acuestan sin conocerse, sin pudor alguno, incapaces de amar, egoístas... Eso es lo que la gente piensa de ellos. Lo que yo opino es todo lo contrario. Creo que los homosexuales pueden vivir su sexualidad de un modo tan digno y cristiano como los heterosexuales... salir de esa oscuridad. Lo milagroso es que no estén todos en tratamiento psiquiátrico, en una sociedad que les aísla.»

Otra cosa que no se ha entendido de su pensamiento, según la opinión del autor de Todos los parques no son un paraíso, es su dimensión rotundamente religiosa: «La última dimensión de mi libro es religiosa. El que no llega a eso será por los motivos que sean -prejuicios, consideración de que la religibn aliena, etcétera-, pero es su más profunda dimensión. Las vivencias religiosas me liberan para que sea, capaz de afrontar mi destino y mi vida. He querido testimoniar el sufrimiento de una gente marginada que no ha encontrado una palabra de esperanza por parte de la misma Iglesia, cuya última aspiración debe ser crear esperanza, no apagar la llama que aún humea, como dice Jesús, reconciliar a los hombres. Y en esa alternativa, sin embargo, la Iglesia enfrentó a los homosexuales con el resto de los hombres, y lo más grave, enfrentó al homosexual consigo mismo, en cuanto que divide trágicamente su carne y su espíritu.»